“Where Sybaritic Cyber Seekers Find Themselves.” ™ ©

HERMINIA
ARMANDO ALVAREZ BRAVO
El Nuevo Herald
La periodista cubana Herminia del
Portal, que marcó nuevas
pautas y proyecciones a la prensa femenina cubana y latinoamericana, falleció
el pasado 23 de febrero,
en
''Fue un privilegio conocerla. Era una mujer
extraordinaria. Estuve con ella desde los años 50,
cuando yo era corrector de pruebas de la revista Vanidades y vi como
transformó esa publicación'', dijo
el escritor cubano Guillermo Cabrera Infante,
ganador
Nacida el
30 de agosto de 1906, en Santa Clara, Las Villas, Del Portal estudió derecho y
periodismo en las universidades de La Habana y la Sorbona, en París. Durante su
permanencia en Francia hizo amistad con personalidades del rango intelectual de
André Gide, André Malraux, Alberto Giacometti y el poeta César Vallejo.
Del
Portal fue profesora en la Escuela Normal de Maestros y en la universidad de la
capital cubana, donde enseñó francés y periodismo.
La autora
En julio de 1960, salió al exilio y se instaló en Nueva York,
donde residió hasta 1996, cuando se trasladó a
''
'Mi
madre, Berta Arocena, fue amiga de Herminia cuando fundó el Lyceum Lawn Tennis
Club de La Habana. Su amistad comenzó cuando la recién inaugurada institución
hizo un concurso de cuentos y ella lo ganó con un
cuento titulado `Miguelito' '', dijo Berta M. Gómez, hija de la fundadora del
Lyceum y
La
novelista, escritora y profesora Himilce Novás, única sobreviviente de Del
Portal, manifestó que uno de los grandes logros de su madre fue lograr la
estandarización
Los
restos de Herminia del Portal, informó su hija, fueron donados a la ciencia
para estudios y trasplantes, ya que durante su larga
existencia su salud fue extraordinaria.
Acaba de morir en el exilio Lino Novas Calvo. El autor de Pedro Blanco, el negrero habia sufrido una serie
de embolias en la decada de los setenta. Nunca sabremos de cierto
cuanto sufrio Lino en su paralisis, pero si sabemos lo que padecieron con esta
muerte en vida su viuda, Herminia del Portal y su hija
Himilce Novas
Published on April
25, 1983, Page 9, Nuevo Herald, El (
Dictionary of Literary Biography on Lino Novas Calvo
A recognized master of the Spanish-American short story, Lino Novás Calvo is noted
for his finely honed portraits of marginalized and alienated characters who struggle
to survive against formidable odds. Stylistically, Novás Calvo's rendering of
quintessentially Cuban popular speech, rhythms, syntax, and forms of expression
has exerted strong influence on younger writers. His only novel, El negrero
(The Slave Trader, 1933), has also held extraordinary interest for critics who
admire the subtlety of its historical re-creation of a Spanish-born slave
trader.
The first prominent Cuban writer exiled in the wake of the
revolution of 1959, Novás Calvo continued to write in the
http://www.bookrags.com/biography/lino-novas-calvo-dlb/
L I N O N O V A S C A L V O

Coleccisn Andanzas.
Novela. Encuadernacion artistica.

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Denominada por
Abilio Estivez

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El mundo literario celebra hoy el natalicio de Lino Novás
Calvo,
uno de los grandes cuentistas de la lengua
española.
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por CARLOS ESPINOSA DOMíNGUEZ
El 2003 es, por varias razones, el año
de Lino Novás Calvo. Se
cumplen siete décadas de la salida de la imprenta de El negrero, su
excelente biografía novelada de Pedro Blanco Fernández de Trava. Hace
veinte años que falleció en Nueva York, a consecuencia de una hemorragia
cerebral. Y, por último, este 22 de septiembre se cumple un siglo de su
nacimiento, de todas las efemérides es la que me ha parecido más idónea para
recordar a quien es una de las figuras máximas de la literatura cubana y uno de
los mejores narradores hispanoamericanos del pasado siglo.
Un gran, un enorme escritor que,
sin embargo, no disfruta
Por ejemplo, el poeta y novelista José Manuel Caballero
Bonald comentó: "Aunque parezca una hipérbole ocasional, pienso que Novás
Calvo puede alinearse sin ningún menoscabo entre los grandes creadores de
novelas de aventuras ambientadas en el mar: Conrad, Stevenson,
La bibliografía de Novás Calvo cuenta, además, con dos
títulos, Cayo Canas y La luna nona, que se hallan entre lo mejor que
ha dado el cuento en Hispanoamérica. Varias de esas
narraciones figuran en treinta y tres antologías aparecidas en Hispanoamérica,
Estados Unidos y Francia. Y en cambio, casi medio
siglo después de que se publicaran, a ninguna editorial importante se la ha
ocurrido recuperarlos. En esta injusta realidad han
intervenido varios factores, pero los más influyentes han sido los
acontecimientos políticos ocurridos en
En un breve texto aparecido en Babelia, el
suplemento literario del diario español El País, Arturo Arango expresaba
su extrañeza porque el boom de la novela latinoamericana no hubiese
arrastrado consigo a El negrero, al igual que hizo con otras obras
aparecidas antes de la década de los sesenta (me imagino que pensaba en títulos
de Juan Rulfo, Miguel Ángel Asturias, Juan Carlos Onetti y Carpentier). Las
causas son obvias: entonces ni Mario Vargas Llosa, ni Carlos Fuentes, ni Julio
Cortázar, ni Gabriel García Márquez hubiesen movido un dedo por ayudar a rescatar
y divulgar a un escritor que nunca manifestó su apoyo a la revolución y que,
peor aún, año y pico después del triunfo de ésta decidió marcharse al exilio.
Tal opción significaba entonces el suicidio para un escritor o un artista cubanos. Novás Calvo, por si no
fuera suficiente, hizo pública además su firme postura anticastrista. A las
pocas semanas de haber arribado a Estados Unidos, tras haber pedido asilo en la
embajada de Colombia, entregaba a la revista Bohemia Libre el primero de
los dieciséis artículos en los que se ocupó de la realidad de la Isla. Algunos
de los títulos reflejan de manera clara y elocuente su
contenido: 13 mentiras de la propaganda castrista; Galeras, bartolinas y
paredones en la Cuba de Castro; Lo que entonces no podíamos saber y la
serie de seis trabajos Cuba, primer estado bolchevique de América. Etapas de liquidación de una Democracia.
El precio que tuvo que pagar Novás Calvo fue desmesurado,
pues significó, en primer lugar, su muerte civil
Bueno, que le había incluido antes en dos antologías,
preparó en 1975 el volumen Cuentos cubanos del siglo XX, en el cual no
sólo lo excluye, sino que ni siquiera menciona su nombre en el prólogo.
Portuondo, por su parte, nunca más reprodujo su excelente trabajo Lino Novás
Calvo y el cuento hispanoamericano, que aparece únicamente en la edición
mexicana de Teoría y práctica de la literatura. No menos implacable
fueron el ostracismo y la exclusión que padeció en el destierro. Como a otros
compatriotas y colegas suyos, jamás se le invitó a un congreso, jamás Ángel
Rama, Julio Ortega o José Miguel Oviedo le dedicaron un artículo, ni ninguno de
sus libros fue tomado en cuenta para una traducción o una reedición. En el
sistema clasificatorio de los académicos e intelectuales de izquierda, el
escritor cubano exiliado no tenía cabida en el panorama literario
latinoamericano, que se convirtió así en un club
exclusivo, cuyos patrones se reservaban el derecho de admisión.
Silenciado por razones ajenas a sus méritos literarios,
Novás Calvo dejó, sin embargo, una obra cuyos valores son incuestionables y que
perdurará por encima de las doctrinas políticas. Ahí está, por ejemplo, El
negrero, un texto precursor en más de su sentido, y que tanto aportó a la
búsqueda de nuevos caminos expresivos de nuestra narrativa, que aún se mantenía
fiel a los patrones del realismo de corte naturalista. Novás Calvo escribió un libro que se ciñe a los hechos fidedignos, y al mismo
tiempo los toma
Ensaya así una vía que décadas después retomarán
—desde otros presupuestos— autores
El negrero
es, además, una biografía poco ortodoxa.
En primer lugar, su autor se desmarca de los biógrafos tradicionales al escoger
un personaje que es todo lo opuesto a una figura
ejemplar. Difícilmente puede tomarse como modelo a seguir a este hombre, que no
vaciló en lanzar al mar a setecientos negros para evitar que su bergantín fuese
capturado por la justicia; que actuó con un gélido maquiavelismo para fomentar
la división entre las tribus; y que impuso su leyenda a base de artimañas y
engaños.
Novás Calvo traza su proceso de degradación moral, que lo
lleva a convertirse —gracias al negocio de la trata— en un traficante de esclavos, tan poderoso
Pero fue sin dudas en el cuento donde
la obra de Novás Calvo logró sus máximas cotas de calidad.
Hay unanimidad entre críticos e investigadores en considerarla
Con Novás Calvo, el realismo amplía sus horizontes, gana
en libertad formal y profundidad y se enriquece con matices hasta entonces
inéditos en nuestra prosa de ficción. Lector de los
narradores norteamericanos modernos, traductor él mismo de algunos de ellos, se
nutre de la nueva escritura realista que cultivaron Hemingway, Faulkner,
Dreiser, Dos Passos. Asimila sus procedimientos técnicos para abordar
personajes y ambientes inequívocamente cubanos, que recrea sin falsos
pintoresquismos ni afán testimonial. Bucea así en la
vida cotidiana en las zonas rurales, los cayos y los solares habaneros. Estos
últimos son presentados por Novás Calvo como un
microcosmos que, por su carácter integrador, ilustra nuestra identidad, ese
caldero donde se han fundido diferentes razas y culturas.
En narraciones
Otro de los aciertos de Novás Calvo es su tratamiento
Está también la inolvidable galería de personajes a los
que Novás Calvo dio vida en sus narraciones: chóferes, negros, carboneros,
chinos, costureras, emigrantes españoles, campesinos, contrabandistas, que
concibió a partir de modelos reales conocidos por él, cuando desempeñó los
oficios más humildes y terribles a los que obliga la sobrevivencia. En sus mejores cuentos, esos personajes se ven enfrentados a
situaciones-límites que ponen a prueba su capacidad de respuesta, y que a
menudo conducen a desenlaces trágicos.
El más conocido de todos es el taxista
de La noche de Ramón Yendía —uno de sus textos antológicos—,
a quien su miedo y su sentimiento de culpabilidad llevan a la autodestrucción.
No menos memorables, sin embargo, son los protagonistas de Cayo Canas, Un
dedo encima, La luna nona, Hombre malo, Ojos de Oro y Un
"bum", en los que la angustia del ser humano y el carácter
absurdo de la vida adquieren una profunda proyección existencial.
Caracteres e historias aparecen ensamblados en un tejido narrativo trenzado con primor y habilidad, lo cual
evidencia un admirable dominio técnico al que resulta difícil verle las
costuras. Hay, en primer lugar, un uso muy inteligente
de la elipsis: buena parte de la eficacia de sus textos descansa más en lo que
oculta, que en lo que dice. Novás Calvo presenta las situaciones sin exponerlas
explícitamente, y prefiere suministrar al lector detalles que ayudan a
revelarlas.
Asimismo, las descripciones de los ambientes están hechas
con unas pocas pinceladas, y nunca son decorativas ni
accesorias. Más que describir, el escritor sugiere. Su concepción amplia y
libre del realismo lo lleva, además, a incorporar el monólogo interior, los
enfoques cinematográficos, el flujo de la conciencia, los saltos temporales, el
plano onírico y del subconsciente y una estructura fragmentaria que nunca
entorpece la lectura.
Todo ello justifica por qué José
Antonio Portuondo no dudó en expresar que Novás Calvo es "el primero entre
los cuentistas de lengua española", y —entre los cubanos—
"el de mayor sabiduría formal, el más preocupado por lograr una técnica
que ajuste el viejo molde a las nuevas necesidades expresivas".
ACABA DE APARECER:
Otras maneras de contar
Novás Calvo, Lino
Novedad de Enero de
2005
España (01/01/2005)
ISBN: 84-8310-294-3
424 pág.
19,23 € (IVA no incluido)
Un huracán que desvía el rumbo de un barco
cargado de una mercancía «prohibida»; el acoso nocturno al que se ve sometido
Ramón Yendía, un taxista que ha colaborado con las fuerzas victoriosas y las
vencidas; las extremas condiciones de vida en una isla donde se explota a
«libres» y a «esclavos»; la fantástica danza de los cuchillos que Angusola
suele ejecutar, capaz de asustar para siempre a su futuro yerno; la noche en
que un zafrador le confiesa a otro su terrible pasado; la caza de Fillo
Figueredo, un juego al que se entrega un grupo de chiquillos... Los veinte
cuentos seleccionados en este volumen –algunos inéditos o nunca editados
en libro, otros escogidos de las recopilaciones publicadas en vida del
autor– hablan de la lucha por la supervivencia y por la tierra, de los
orígenes de la violencia, de la locura alimentada por la miseria, así como de
la venganza y el malentendido fatales, y ofrecen una imagen cabal de todos los
universos visitados por Lino Novás Calvo, desde entonces inolvidables.
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Hay que leer OTRAS MANERAS DE CONTAR, de Lino Novás Calvo
PORQUE da la oportunidad de volver a practicar la lectura
exigente y madura de un fundador de la literatura
latinoamericana
Diario
El País (
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FINA CANELA CUBANA
DOMINGO RÓDENAS DE MOYA
drodenas@elperiodico.com
OTRAS
MANERAS DE CONTAR
Autor: Lino Novás Calvo
Editorial: Tusquets
Páginas: 416
Precio: 20 €
Entre las agresiones que sufre el lector acribillado
por la literatura deshuesada está la privación de escritores
Cuentos sobre la Cuba más profunda, la de la
religiosidad mágica de raíz africana, pero también la Cuba humilde de
campesinos, chóferes, bailongos y costureras que no representan ningún drama de
clase sino a sí mismos en su pulso contra la muerte. Esté
tranquilo quien desprecie el costumbrismo de la bagatela. La escritura
de Novás huye
La Jiribilla |
LA OPINION
En septiembre de 1951
Recuerdo que fundamos la Sociedad en una noche de 1950 en un aula
Lino Novás Calvo no pertenecía al mundo de los clérigos de la
cultura pues se había autoexcluido de toda ortodoxia y vivía apartado.
Ese extrañamiento, su exilio interior, nos lo hacía mas simpático pues no
compartía el festín con los depredadores.
El quince de septiembre de 1951 publiqué en el periódico Excelsior un artículo titulado "Proyección de Lino Novás
Calvo", en el que me refería al recién efectuado homenaje de los jóvenes
Una semana después de haber
publicado mi artículo recibí una carta de Lino Novás donde me decía: "Con
agradable sorpresa y gratitud he leído el artículo que me dedica en El País.
Cargo a su fervor juvenil lo que hay de excesivo en el elogio y agradezco muy
sinceramente su generosidad. Por su medio quisiera hacer extensiva esta
gratitud al Grupo Nuestro Tiempo por las atenciones que ha tenido hacia mi. Mis
votos más sinceros por que realicen ustedes la obra literaria que nosotros, los
de la generación precedente, no hemos podido realizar."
Esta última línea es sintomática de la frustración en que
vivía sumido entonces. Más tarde supe que su depresión
había comenzado por una toma de conciencia de su desajuste social. Era
profesor de francés en la Escuela Normal, donde fue nombrado durante
el gobierno de Grau San Martín, y sufrió un infortunio burocrático: fue
cesanteado cuando la presidencia de Carlos Prío. Planteó en
el Ministerio de Educación su restitución pero no fue atendido. Acudió inútilmente al ministro Aureliano Sánchez Arango. Golpeó contra inconmovibles paredes administrativas. Para
colmo, cierto día un ujier le tumbó de un manotazo su
sombrero de pajilla, advirtiéndole que debía tener mas respeto y descubrirse en
las oficinas
"Experimenté un trauma psicológico", me
confesó después; requirió de algunas de las personas mas notables de la
inteligencia cubana para una cosa nimia y no lo sirvieron. "Entonces
me dije que yo no valía nada y lo que hacía no valía nada tampoco. Lo
que se escribe es una mercancía que si no tiene demanda -ni
siquiera entre la gente culta-, uno no tiene trascendencia y no puede seguir
haciendo lo que no es aceptado."
Ser escritor era una categoría superflua, insignificante y desdeñable.
Cualquier ávido mercader, el mas inservible chupatintas oficinesco, un incapaz cacique de partido político, recibía mas lauros y
gratificaciones y detentaba mayor autoridad y prestigio. Se sumió entonces en un estado de ánimo taciturno, comenzó a beber en demasía y
su agobio y su desesperanza le impidieron escribir de nuevo. Se dedicó
únicamente a sus traducciones y finalmente se ubicó
Fue allí que le conocí un tiempo después. Me aventuré
hasta su mesa de trabajo situada, junto a la de otros redactores, en un salón oscuro
En los años venideros le frecuenté en la redacción de la
revista donde sosteníamos largas conversaciones. Intenté
llevarle alguno de mis cuentos pero me desalentó aconsejándome que desistiese
de la literatura. Me resultaba sumamente aflictiva esa
recomendación viniendo de quien tanto apreciaba. Siempre
leyó con desinterés mis reportajes y crónicas y nunca me hizo sugerencias;
ejercía con apatía y desgano su función. Aparentemente se ocupaba de un oficio para ganarse el pan cotidiano y nada más.
Con nuestras charlas informales fui confeccionando un
listado de tópicos y un día me aparecí ante él con una gigantesca grabadora de
cinta (aun no se habían inventado las de casete), y comenzamos a repasar los
temas de nuestros diálogos ante un micrófono. Intenté escribir un texto sobre
su vida y su obra, pero las circunstancias lo impidieron: transcurrían los
últimos y mas violentos tiempos de la dictadura batistiana y no estaba el horno
para bizcochos, así que el proyecto quedó trunco aunque conservé la cinta
grabada que doné, muchos años después, al Archivo de la Palabra de la Casa de
las Américas.
En nuestro intercambio indagué sobre el punto de partida de su creatividad: ¿su
invención se desataba con temas o caracteres? Confesó que casi siempre un hecho dramático -una mala impresión- se albergaba en él y
se confundía con otras sensaciones y remembranzas hasta que pugnaba por salir
en una objetivación. El relato "Un dedo
encima" (que recibió el Premio Hernández Catá en 1942), surgió de una
visita a casa
En su narrativa predominaba la acción porque de ideas no
sabía nada, dijo, aunque de acción sabía demasiado. Las
ideas tienen otro medio de expresión en el cual la novela no debe incursionar.
En ese error han caído grandes novelistas
Uno de los problemas mayores de sus experimentos literarios -al fin y al cabo,
afirmaba, toda su obra era una sucesión de experimentos-, lo constituía el
balance entre el diálogo y la narración. El diálogo tiene una dificultad: para
ser fiel debe ser necesariamente pedestre. La narración pura, la simple
exposición de hechos, puede resultar demasiado densa. Se
sentía mejor narrando porque disponía de más libertad.
No creía que había novelísticas sino novelistas. En nuestro mundo caótico hay
novelas de todos los géneros y demasiadas escuelas para que se establezca
ninguna coherencia. Podía haber una actitud común en
determinados grupos de literatos que les otorgase cierta uniformidad dentro de
la variedad.
En Francia había dos escritores fundamentales: Malraux y Celine. En Estados
Unidos: Sherwood Anderson y Hemingway. También admiraba a
Eric María Remarque. Según Salvador Bueno, otros autores que
le influyeron profundamente fueron Gorki, Caldwell, Steinbeck, Panait Istrati y
Conrad. Realizó excelentes traducciones de Faulkner y
Balzac. Su versión de Contrapunto de Aldous Huxley aún
es considerada la mejor en lengua española.
El autor que mas le impresionó, cuando comenzaba a
escribir, fue
Lino Novás fué uno de los pocos amigos cubanos de Ernest
Hemingway. Le frecuentaba en la finca Vigía y tradujo al español El
Viejo y el Mar. A Hemingway lo estimaba un clásico. Su
forma era bastante innovadora, "sobre todo esa manera que tenía de usar
monosílabos nórdicos," afirmaba Novás. Había roto la
tradición imperante en la novelística angloamericana. Pero a la larga
mas que un innovador fue un inmenso escritor "que
entregó un gran mensaje a la humanidad". En sus últimos tiempos Novás huía
de los experimentos y retornaba a las maneras mas
sólidas de la expresión. En sus novelas siempre había un
tema dominante: el hombre débil y desconcertado de nuestro tiempo era situado
frente a un riesgo y se ponía a prueba la
Faulkner fue un experimentador que recibió la
corriente de Joyce, era más poético que Hemingway; fascinaba, alucinaba,
envolvía; era mágico. Con los años se fue amanerando: repetía los mismos
personajes y ambientes. Nunca tuvo el don de saber construir, que poseyó Hemingway.
Proust y Joyce compartieron un rasgo: establecer una
corriente de la conciencia, ir dando lo que fluía en su pensamiento sin cuidar
al lector. Proust llegaba a un público más vasto porque usaba
un lenguaje mas inteligible, en tanto que Joyce era para minorías. No
había quien entendiese una página completa de Finnegan's Wake; lo leía con
frecuencia pero era música. Leer a Proust y a Joyce
constituían ejercicios importantes de levitación. A Salvador Bueno le refirió
que, en los años que vivió en París, atravesaba con frecuencia la Place
Dauphine, donde solía almorzar Joyce en el restaurante Le Vert Galant, para
observar a aquél "monstruo de poesía".
La novela policíaca era una pieza de distracción, opinaba. Incluso los crímenes
que se cometen no son tomados en serio por el lector: en consecuencia alivian,
no oprimen. El agobiado hombre moderno demanda este
escape para huir de responsabilidades y de su inestabilidad. La novela
policíaca cuenta con héroes que resuelven todos los problemas, y el hombre actual,
que ha perdido la fe, necesita a un superhombre, el detective, una especie de
Don Quijote de nuestro tiempo que se dedica a deshacer injusticias. El género policíaco se ha convertido en la novela caballeresca de
esta época. Es también la novela pura: no dispersa la imaginación;
cuando está bien construida marcha directamente hacia un
fin. En ninguna otra forma literaria se ha derrochado
Escribía historias de ése corte porque eran populares, pero nunca puso mucho
interés en hacerlas: simplemente creaba una trama y la desarrollaba. Le parecía necesario establecer el cuento policíaco en
Lino Novás Calvo nació en
Después tuvo la "chifladura" de ser boxeador.
Comenzó a entrenarse en una azotea por la necesidad de
compañía. Se sentía bastante solo y buscaba un grupo para
integrarse: el hombre debe vivir colectivamente; como boxeador
pertenecía a algo, aunque no tenía condiciones porque era enclenque. Frecuentó
el gimnasio de Mike Castro hasta que en un combate le
propinaron un "nocao" y se retiró.
Hay quien narra solamente sus experiencias personales pero
también existe la imaginación. Existen distintos tipos de imaginación:
él nunca habría podido ser pintor. Estimaba indispensable, si no se han vivido las cosas, asimilarlas con la observación. Balzac
escribía para ganar dinero "y cuando le preguntaban cómo había conocido su
mundo, cómo lo había vivido, respondía: nunca pude vivirlo, necesité todo el
tiempo para escribirlo."
Cuando hizo sus primeras letras trabajaba en una fábrica de
sombreros. Decursaba 1928 y existía una mala situación
económica en el país. Conoció a un compañero de
trabajo: un buen hombre que pasaba por una grave penuria y sintió la
urgencia de conminarlo a que despertara, decirle que estaba dormido en el
mundo. Le dio por garabatear unos versos, el primer poema proletario, dijeron
después, que se escribió en
En 1931 se fue a España porque "aquí las cosas se
ponían muy mal y ya había comenzado a tirar unas cuantas piedras por la calle
En
La admiración que le suscitó Ortega no tuvo paralelo en ninguna otra persona
que haya conocido. Poseía una gran claridad mental y una
óptima condición humana ("buena persona que era"). Se caracterizaba por su sencillez y precisión. Llegaba a su
oficina y dictaba un ensayo que utilizaría después en
sus clases, y lo publicaría también en la Revista de Occidente: lo verbalizaba
de principio a fin y "no lo revisaba siquiera, no le quitaba una coma ni
un punto: salía tal
Ortega era luminoso, me confesaba Lino: ejercía una fascinación en las personas
que lo rodeaban. Sentía celos de él a causa de algunas
alumnas que conocía. Le profesaban
En los años treinta se aficionó a las motocicletas.
"A todo el mundo le gusta la velocidad -afirmaba-, es una forma de
emborracharse".Tuvo un amigo mecánico que
disponía de un vehículo y,
En esa década visitó Alemania en el período de auge
En Berlín le ocurrió un incidente chaplinesco: sin
saber cómo se vio metido en un desfile de camisas pardas. No podía salir por
ningún lado, las juventudes hitlerianas lo rodeaban marchando; tenía que seguir
adelante y ellos con el brazo tendido, saludando a la manera romana
De la Guerra Civil Española conservaba un recuerdo
espantoso. La injusticia que genera una guerra, el caos que prevalece, le
dejaron la peor impresión. En los primeros tiempos hubo
iniquidades, pagaron inocentes. El miedo transforma a
los hombres: "hay personas normales que se convierten en
monstruos". Las ejecuciones en frío lo horrorizaron.
Los hospitales de sangre, con acumulación de heridos y sufrimientos sin
paralelo, le motivaban deseos de huir de una humanidad que era capaz de crear
situaciones así. El peligro
En la década
Se preguntaba por qué su generación había dejado de escribir.
Hicieron su primera demostración y todos, o casi todos,
enmudecieron. Cuando vivía sólo no precisaba gran cosa
pero ya había adquirido una familia y una vez más tuvo que traducir para vivir.
Se tenía que dividir entre la Escuela Normal, el Instituto de Idiomas y el
periodismo, no le quedaban energías para otra cosa. Pensaba que el escritor
debía vivir como profesional. Si pudiera comenzar su
vida de nuevo, si le dieran a escoger carrera y tuviese veinte años "y lo
sabido, sabido" no seleccionaría la carrera de escritor
,"que no la tengo tampoco porque esa carrera no existe entre
nosotros", sería un científico, un técnico, cualquier cosa menos el camino
inestable
.No le importaba que Cuba fuese un país de pocos lectores porque el escritor
tenía el mundo a su disposición; si trabajaba con calidad sería traducido y
leído en todas partes: el mundo de habla española es amplio; la falta de
editoriales cubanas no constituía un limitante: "yo no he editado nada en
Cuba, todo lo edité en Madrid, en Barcelona y en Buenos Aires."
Creía que las editoriales internacionales estaban a la
disposición de cualquiera que hiciese "cosas de interés", historias
que no fuesen demasiado locales. El intelectual debe estar condicionado
por una carrera, por una ocupación funcional que merezca un
respeto; tener la sensación de que es apreciado por lo que construye,
"porque si no, se desanima y hace otra cosa".
Recordó una anécdota de un gran artista cubano que
estaba pintando en su estudio, junto a su mujer. Le habían arrebatado un cargo que necesitaba para vivir y la mujer lo increpaba:
¡tienes que meterle una "galleta" a ése! Se trataba de un alto funcionario. Y él tiró los pinceles y le dijo a
Lino: "¿Qué te parece? ¡Tengo que pintar y además tengo que dar galletas!
Pues no puedo hacer las dos cosas: ¡o pinto o doy galletas!" He repetido muchas
veces esta historia
El papel lo aguanta todo -"
Escribía por impulso, "de la misma manera que Carlos Enríquez pintaba un cuadro: por impulso". Empleaba dos o tres días, o mas bien dos o tres noches -el único tiempo disponible-,
para realizar una narración. A veces las hacía de un
tirón, "en un solo momento", a mano. Cuando se lanzaba a una historia
estaba terminada previamente: había realizado una elaboración inconsciente.
La novela, para él, no estaba en decadencia: nunca se habían consumido tantas
novelas
La generación
Reconocía la cuentística de Luis Felipe por el mérito de haber
hallado un "tono cubano, un cierto dejo." Aunque ya parecía un poco convencional, estuvo "más pegado a la
tierra" que los demás autores. No fue un creador
porque cuando se le saca de aquí, cuando se traduce, desaparece o queda muy
empequeñecido: su valor está en el tono, "en el sabor de tierra que
tiene".
Labrador Ruiz poseía una gran sensibilidad formal, "más que ninguno de
nosotros". Tiene un don que a veces llega a ser
"joyciano" en su juego con las palabras. Labrador carece de
estructura: se queda en palabras y falta la historia, parece que la desprecia,
lo hace a propósito; no es que carezca de capacidad imaginativa; quizás estime
que contar una historia está por debajo de un autor de
nivel. A Enrique Serpa le pasaba lo opuesto de
Desconocía lo nuevo que se estaba haciendo en literatura
cubana. Pero le parecía que existía un momento
de espera y de transición. Sólo estaba al tanto de lo que le
enviaban a Bohemia para su lectura. No veía a ninguno
de la estatura de Luis Felipe y Carlos Montenegro."Entonces existió un
impulso."
Creía en Dios. Estuvo años separado de creencias y
entonces intentaba un reacercamiento que no le
resultaba fácil. "A Dios hay que sentirlo." Se
acumularon algunas experiencias que le devolvieron a la religión.
Políticamente se ubicaba como un admirador de la
democracia liberal. Lo más importante para el ser humano era su libertad
personal y su bienestar material. La democracia parlamentaria sola no bastaba,
debía entenderse la democracia en un sentido más
amplio. Creía que en España existía mayor democracia en las
relaciones humanas, en el intercambio entre familias, en el espíritu de sus
instituciones, que en Francia.
Habría que diferenciar a los regímenes de mano dura: el fascismo de Mussolini
no era igual al justicialismo de Perón ni al nazismo
de Hitler. Mussolini logró que los trenes italianos corriesen con puntualidad y
Perón tuvo quizás buenas intenciones, pero los gobiernos autoritarios tienen la
tendencia a degenerar en una gestión caprichosa y arbitraria, no conducen a
nada; a la larga estallan y sólo dejan amargura tras de sí.
El marxismo era para él una interpretación unilateral de la
historia. El valor de los factores económicos en el devenir humano no
necesitaba de Marx para ponerlos de relieve. Confesó que el comunismo "fue una engañosa ilusión y era una
cruel realidad."
Hasta aquí el diálogo que sostuve con Lino Novas Calvo en l958, inédito durante treinta años.
El escritor estuvo muy cercano al primer partido comunista cubano y trabajó
En la Casa de la Cultura de
Todo ello explica por qué se marchó de Cuba en 1960, al año siguiente
Su primera, y única, novela de envergadura El Negrero fue editada en 1933. La
escribió en la biblioteca del Ateneo de Madrid, cuando
frecuentaba a Ortega y Gasset y era secretario de la sección de literatura de
esa institución. Ya en ella está presente el mar como
elemento romántico principal de nuestro contexto; el mar, que será el centro de
la narrativa de Serpa, de Montenegro, de Ibarzábal. La vida de Pedro Blanco
Fernández de Trava nos devela el pivote económico sobre el que giró la economía
y la cultura cubana en el siglo diecinueve: el esclavismo. Al final de la obra
Lino Novás incluye una exhaustiva bibliografía, reveladora de su inmenso
trabajo de investigación.
En 1942 publicó en Buenos Aires La Luna Nona. Ese año ganó el Premio Hernández Catá. En
1944 salió Cayo Canas y en 1946 el relato "En los traspatios".
Entre uno y otro aparecieron los cuentos de No sé quien soy.
La década
De su experiencia
En la obra de Novás Calvo se advierte la asimilación
Sus caracteres nos van diciendo con su comportamiento lo
que subyace en ellos: jamás el narrador revelará lo que anima a estas criaturas independientes; sólo sabremos lo que
sienten y piensan mediante sus acciones. También utilizó la elipsis
Su obra literaria dejó una honda huella en las letras
cubanas. Fue un innovador que importó corrientes,
técnicas y procedimientos. Impulsó la primera y más poderosa arribazón de obras
norteamericanas con su economía de lenguaje, la sequedad de sus imágenes, su
duro estilo dialectal.
Comencé a escribir bajo la múltiple influencia de Lino
Novás Calvo y sus dioses tutelares: Hemingway y Faulkner. No fuí el único: los
jóvenes escritores de mi generación también experimentaron su autoridad. Creo
que su predominio llegó hasta los narradores de la segunda oleada de la
Revolución, los que se iniciaron en la literatura finalizando la década de los
años sesenta.
Ahora comienzan a reeditarse sus obras en Cuba, quizás debiera decir más
apropiadamente que se están editando por primera vez, ya que todos sus libros
tuvieron que ser publicados en el extranjero antes de la Revolución debido a la
ausencia de una industria editorial nacional. Lino Novás Calvo pertenece por derecho
propio -a pesar de sus incongruencias ideológicas y su abandono
Quizás su peor
momento, después de su exilio, lo anticipó en un
pasaje de su Yendía: "Comenzó entonces una marcha lenta y penosa. Le
pareció que estas horas eran las últimas de su vida y que muy pronto -quizás
antes del día- todo lo que veía con sus ojos y oía con
sus oídos habría desaparecido, se habría disuelto en un vacío de eternidad.
Como si nada hubiese existido jamás en el mundo; como si él
mismo no hubiese nacido jamás; como si cuanto había amado, sufrido,
gustado no hubiese tenido jamás realidad." Recobrar a Lino Novás es
inscribir otro fragmento de nuestro patrimonio en la base insular donde
pertenece. Donde jamás dejó de estar.
Voices
of the Storyteller
Cuba's Lino Novas Calvo
World Literature, Contributions to the Study of,
No. 14 (ISSN:
LC 85-27148. ISBN
Available (Status Information Updated 8/5/2003)
"Within the last ten years there has
been a noticable increase in the number of critical studies dedicated to the
narrative of the late Cuban short-story writer Lino Novas Calvo (1905-83). Long
overshadowed by many of the giants of Spanish American literature, he is
finally taking his place as one of this century's most original and innovative
writers of short fiction. Rose's book is a detailed analysis of the writer's
principal stories with particular emphasis upon his unique use of narrative
mode and dialogue in portraying characters and events that are typically Cuban
yet at the same time undeniably universal. It is through her study of point of
view and colloquial language that Roses demonstrates how Novas Calvo, through a
curious blending of Havana history and his own personal life, communicates to
his reader a very authentic vision of the contemporary outsider. A useful
selected bibliography of primary and secondary sources is included. An appropriate acquistion for undergraduate, graduate, and public
libraries."
by Novás Calvo, Lino
Binding: Paperback
Publisher: Las Américas, New York
Date Published: 1970
Description: Very Good, Spanish text.
Languages: Spanish
Alibris I.D.: 1513017300
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Lino NovAs Calvo
by Raymond D. Souza
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Ernest Hemingway (著), Lino Novas Calvo
La presentación en una librería de Coral Gables
del relato de Lino Novás Calvo, “En los traspatios”: una noche
extraña con un público inexistente.
Lorenzo García Vega | Miami
Lino Novás Calvo nació en Granas de Sor, Galicia, en 1905. Llegó a Cuba, enviado por su madre, a la edad de 7 años, y
después de haber ejercido distintos oficios (fue
chofer de alquiler), se consagró como narrador.
Comenzó intentando la poesía social con el poema
“Proletario”, publicado en la Revista de Avance, 1928.
Después escribió novelas (Un experimento en el Barrio Chino
y Pedro Blanco, el negrero) y, sobre todo, libros de cuentos (La luna nona,
Cayo Canas, Maneras de contar). En la Revista de Occidente
publicó cuentos y notas críticas. También tradujo a
Faulkner, Hemimgway, D. H. Lawrence, Aldous Huxley y Robert Graves.
Pero sobre todo, Novás Calvo puede ser considerado como
uno de los grandes cuentistas de Hispanoamérica. Un
gran cuentista y un gran pesimista. Uno de los narradores más amargos de esa
literatura cubana que ya cuenta con una buena tradición de escritores pesimistas
(recordemos, entre otros, la figura de aquel Miguel Angel de la Torre, escritor
suicida quien, antes de su muerte en 1930, llegó hasta testificar sobre la
tristeza de lo cubano, en una memorable conferencia que pronunció en
Cienfuegos), pues Lino, además de su amargura nata, quedó marcado por la
terrible experiencia que tuvo durante la Guerra Civil española donde, por
"equivocación", estuvo al borde del paredón de fusilamiento.
Recuerdo haber visto a Lino
sólo una vez. Fue en una tarde del Liceum, la coquetona
sociedad femenina de La Habana, donde se daban conferencias, y hasta se
lograban exposiciones que lograban escandalizar al pacato público burgués de
aquel momento. Era una tarde de la década del
50, yo iba a ser su oyente en aquella conferencia, y ya todo se me deshace.
¿Era un hombre bajito, amargo, parco? No..., no...,
quizá no fuera ni bajito. No sé..., ya no puedo saber
bien cómo era. Lo único que recuerdo son las sombras de la tarde cayendo sobre
aquel Liceum, y un Lino que ya mi falta de memoria lo
ha vuelto como espectral, y sin que pueda recordar las frases pesimistas que
sobre aquella horrible circunstancia que nos rodeaba, estoy seguro que dijo.
Estábamos metidos en una de las dictaduras... (pero
¿para qué hablar de eso?), en fin, no había nada que hacer.
Algunos podíamos ser escritores, pero
era igual que si no fuéramos nada. Así que se
iba a las conferencias, como en aquella ocasión yo fui
a la de Lino, como para acompañar al difunto. Y, de esto, por supuesto, aunque
mi memoria me falla, sí no puedo dejar de recordar que Lino estaba bien
consciente.
Pero, parece que se arrastra un
karma. Pues ya han pasado muchos años de aquella
liceúmnica tarde, y el ambiente inhóspito a toda manifestación de cultura que
en aquel momento se respiraba continúa, en el limbo donde estamos, tal como si
no hubiese pasado nada. O sea, estoy hablando de una de las noches de este
limbo, en que en una librería de Coral Gables se hizo la presentación del
relato de Novás Calvo, “En los traspatios”, publicado con todo el
cuidado y fervor (¿inútil?) a que nos tiene acostumbrados, en las ediciones de
la Colección La Segunda Mirada Narrativa, el editor Carlos A. Díaz, y el
director de la colección, Carlos Espinosa Domínguez.
Parece que se arrastra un
karma. Y yo vi, junto a los lamentables cuatro gatos que desde mi juventud
estoy acostumbrado a ver en los más importantes acontecimientos culturales que
se pudieron celebrar en un lugar del que no quiero hablar, como esta noche en
que se volvió a presentar ese relato de Lino, cuya edición original se hizo en
1946, la vuelta a lo sombrío de aquella tarde del 50 en que un Lino,
absolutamente desesperanzado, le hablaba a un público que, por su frivolidad,
venía a ser tan desalentador como el hecho de encontrarnos, una vez más, con
los que, aunque sí unidos por un fervor auténtico, no dejábamos de ser, por el
escaso número, vulnerables y como sin salida, los mismos cuatro gatos de
siempre.
Cuestión de gatos, entonces, repartidos en los sitios
donde se sienta un público, mientras que en el estrado, junto a Díaz y
Espinosa, se encontraba el novelista Carlos Victoria, quien bien supo leer, con
magnífica elocuencia de orador de público inexistente, al casi invisible
auditorio que, con soñadora actitud de oyentes de público lleno, con toda
atención le oímos.
O sea, para decirlo más claramente: que le oímos,
entonces, al buen Victoria, magnífico prólogo de crítico-buen-novelista, pero
con el inigualable acento de aquél que, por dirigirse a público —por lo
escaso—, casi invisible, no pudo menos que teñir su lectura con tonalidad
mediúmnica. Pero, aunque con noche apagada, el prólogo de Victoria sirvió para
poner en onda al público que, si hubiera asistido, no hubiera dejado de
agradecerle su acierto de voyeur certero, capaz de colocar en la zona adecuada.
¿Acierto de mirón? Efectivamente, pues como novelador de lo nuestro, el buen
Victoria califica como voyeur de persiana cubana que, por ser tal, bien puede,
certeramente, fijar la mirada de Lino con estas palabras: "la proximidad,
casi promiscua, fuerza a un perpetuo acecho: el acto de espiar se vuelve
involuntario como un tic", y esto hasta ofrecer esta certera imagen que
sabe apreciar la trama de “En los traspatios”: ``el cerco va
encogiéndose y envolviendo a los protagonistas como un mosquitero que cae sobre
un durmiente, enredando su cuerpo y su cabeza''. ¡Bien, entonces, por la noche
extraña con público inexistente!
“¡Tengo a Faulkner en la sangre!”,
dijo Novás Calvo, y con ello supo él responder a un momento de la expresión
hispanoamericana. Nos sorprendió con espasmos, con brincos: “Como una
cuerda tensa que se rompe, se soltó del sueño con un
estallido roto”, y supo captar lo fantasmal como cuando, al hablarnos de cómo
miraba un personaje, apuntó que lo hacía “como a un espejo que estuviera
detrás de otra persona”.
¿Fue Lino un existencialista
cubano? Por lo pronto, habría que darle vueltas a esta
cuestión. Habría que tratar de radiografiar esa extraña espectralidad que él
logró, en medio de una circunstancia de rumberas y de relajo. Hay ya que saber,
que Lino, su testificar, es lo que puede asustar un poco, si nosotros, los que
vivimos en su momento, nos atrevemos a asomarnos, para encontrarlo en ese
pasado que, inesperadamente, puede asomársenos como una revelación, dentro de
ése, como espejo retrovisor que, quizá, todos podamos llevar dentro.
Así que es importante volver a leer a
Lino. Así como, quizá,
fue importante que la noche de la presentación de su libro fuera una noche de
no-público. El exilio interior que siempre vivió Lino no fue de terciopelo,
ni de algarabías oportunistas. Quizá
conviene que, para recibir a quien hay que recibir, sólo haya pocos.
(Tomado de El Nuevo Herald, 2 de
julio de 2001)
LINO NOVAS CALVO: TRAILBLAZER OF THE LITERARY
MYSTERY NOVEL
En Cuba,
Espana y la America Latina no existe una tradición de novela policíaca similar
a la de Estados Unidos, Francia, o Inglaterra. Pero sí había una
continuidad de creación en la novela policíaca. En los años 50, se
escribieron algunos libros y se publicaron algunos cuentos policíacos en Cuba y
de alguna importancia fueron los que escribió uno de los narradores cubanos más
importantes de los años 30, 40 y 50 que es Lino Novas Calvo. Lo que pasa es que
había una actitud muy vergonzante hacia la novela policíaca, y el mismo Lino
Novas Calvo trabajaba en la revista Bohemia y publicaba aquellos
cuentos que eran ficción absoluta como si fueran reportajes para darle alguna
validez a lo que estaba haciendo. Porque un escritor
cubano que escribiera cuentos policíacos, eso a nadie le interesaba. Incluso
hubo un escritor cubano que hizo novelas policíacas
publicadas con un seudónimo de evidente resonancia anglo. Y así podía parecer un escritor inglés o norteamericano que había escrito esas
novelas y que eran traducciones al español porque se veía un poco extraño a un
cubano publicando novelas policíacas.
LINO NOVAS CALVO’S “TRINQUENME AHI A ESE
HOMBRE.”
Admirers of Cuba's much acclaimed novelist Guillermo
Cabrera Infante will no doubt remember the section of Tres tristes
tigres in which the author produces witty parodies of writings by a
distinguished gallery of his compatriots: Jose Marti, Nicolas Guillen, Jose
Lezama Lima, Lydia Cabrera, Virgilio Pinero, Alejo Carpentier.(1) Also forming
part of this portion are the referencing and parody of several aspects of a
relatively early work (1944) by the Spanish Cuban writer
Lino Novas Calvo
(1905-1983), which Cabrera christens
"Trinquenme ahi a Mornard!" (238-40). In
this compound title the initial allusion
is to a short story by Novas Calvo called
"Trinquenm... (800 of 53833 Characters)
03-01-1995;SYMPOSIUM;DOWLING, LEE H
¤ Abilio Estévez ¤
Saludada por Alejo Carpentier como una ''extraordinaria
historia de aventuras verídicas'', la novela El
negrero (publicada en Madrid en 1933), del escritor cubano Lino Novás Calvo
(1903-1983), es una referencia hasta cierto punto
mítica en la literatura de este siglo. Considerada como
una obra maestra, de fina artesanía prosística, es rescatada por Tusquets
editores. Este día empieza a circular en México. Por tal motivo, ofrecemos, con autorización de la editorial, el
prólogo escrito por Abilio Estévez
Por los años de mi adolescencia, en que tanto importaban
las hazañas, las peripecias externas narradas por los libros, cayó en mis manos
un viejo ejemplar de aquella "vida novelada de
Pedro Blanco Fernández de Trava", con letras pequeñas y apretadas, páginas
un tanto amarillentas, sobadas, maltratadas por el uso. Un
día y una noche me bastaron para leerla. Quedé atrapado por los fascinantes
episodios, sorprendido por su violencia y por su maldad, maravillado porque a esa edad y a cualquier otra resulta tan fascinante el
mítico mundo de los piratas.
De cualquier modo, no creo haber
sido tan joven o tan ingenuo como para no percatarme de que en aquella historia
había algo más que entonces no alcanzaba a comprender.
Transcurrieron años.
Mientras estudiaba en la desafortunada Escuela de Letras de la Universidad de
La Habana, volví a leer la novela. No menciono por gusto la Escuela de Letras. Esta circunstancia significa muchas cosas. Significa, por
ejemplo, que había abandonado la blanda torre de marfil de mis primeros años, y
significa que me enfrentaba a un mundo politizado y
hostil. Quiero decir, transitaba por otro periodo de
ingenuidad en que realizaba mis primeros y definitivos descubrimientos sobre la
naturaleza también desalmada que tenemos los seres humanos, bastante propicia
para entender el mundo de iniquidad en que se desenvuelve El negrero.
Si leí la novela de Novás Calvo, no fue porque estuviera
incluida en los planes de estudios. A Novás ni se le
mencionaba. Se había exiliado en Miami al triunfo de la Revolución, y como a cuantos hubieran abandonado el país después de 1959,
se le consideraba "traidor a la patria". Al igual que Gastón Baquero
o que Guillermo Cabrera Infante, ni siquiera aparecía
en el Diccionario de literatura cubana que por esos años publicó el
Instituto de Literatura y Lingüística de Cuba. La releí porque, por fortuna, tenía yo un amigo inolvidable que andaba empeñado
en dirigirme las lecturas, y a El negrero, así como a los cuentos de
Novás Calvo, en Cuba había (y hay) que volver siempre.
Gracias a mi inolvidable y generoso amigo, tuve algunas
noticias sobre el libro y sobre su autor. Supe que El negrero había
alcanzado considerable éxito en el momento de su publicación madrileña de 1933,
que había recibido los elogios de Unamuno en la tertulia de El Ateneo, así como
que Novás Calvo había sido uno de los máximos responsables del renacer
narrativo (fundamentalmente del cuento) que conoció Cuba hacia la década de los
cuarenta. Junto con Alfonso Hernández Catá, Enrique Labrador Ruiz, Carlos
Montenegro, Alejo Carpentier, formó parte de un precioso grupo de escritores
que reanimó la prosa cubana hasta un punto que (al menos en tal sentido de
conjunto) no creo que haya alcanzado otra vez.
Nacido en Granada de Sor, Galicia, en 1905, Lino Novás
Calvo emigró a Cuba con siete años. La humildad de su origen
lo obligó a realizar los más insólitos y diversos trabajos: labró la tierra,
confeccionó sombreros, limpió fondas y hoteles, vendió ostras, hizo carbón y
boxeó. Viajó a Nueva York muy joven, de donde regresó amigo de Sherwood
Anderson (admiraba Winesburg, Ohio), y donde pudo apropiarse de otro idioma que
le permitiría traducir espléndidamente a Faulkner, Hemingway, Lawrence,
Huxley... Fue taxista. Leyó con voracidad. Escribió relatos breves. Trabajó como
periodista del Diario de la Marina. Este periódico lo envió, hacia 1931,
de corresponsal a Madrid. Colaboró con la Revista de Occidente. Escribió y publicó El negrero. Editó en Barcelona
(donde vivió) una novela corta, Un
experimento en el barrio chino. Vivió igualmente en París, es decir, se
adueñó de otro a idioma con el que años después se
ganaría la vida en La Habana. Tradujo a Balzac. Conoció la pasión por la narrativa de Joyce. Visitó la Alemania hitleriana. Al servicio de la República
española, participó en la guerra civil. Debió huir a Francia, entre milicianos
vencidos. Regresó a La Habana cargado de escepticismo: "Lo que vi en
España confesó a su amigo Salvador Bueno podría hacerme vomitar toda la
vida". Trabajó con el sabio etnólogo Fernando Ortiz. Publicó dos libros de
relatos verdaderamente sorprendentes, muy superiores a cuanto escribiera antes
o después: La luna nona (1942) y Cayo Canas
(1944), donde aparecieron cuentos que se hallan entre lo mejor publicado de
este lado del Atlántico (como "La noche de Ramón Yendía" o "La
visión de Ta María"). Al triunfo de la revolución de Fidel Castro, viajó a Estados Unidos. Allí murió en 1983.
La segunda lectura de mis años universitarios, tan
divertida como la primera, sacó no obstante a la luz
nuevos aspectos que, en aquella otra y adolescentaria ocasión, me habían pasado
inadvertidos.
En primer lugar, me encontré en mejores
condiciones de admirar el estilo ansioso, tirante, cortado de frases y
apariencia desmañanada. A las capacidades
propias de cualquier gran escritor, al extraordinario talento narrativo, al
poder de observación, la capacidad de ordenamiento de la sustancia narrada,
Novás unía una virtud especial para trabajar con el lenguaje hablado por el
"hombre de la calle", por los más humildes, por los marginados, por
los más incultos (incultura libresca, quiero decir). Así como llegó a aprender
inglés y francés hasta convertirlas en lenguas propias, aquel gallego cubano
supo captar muy pronto (y tuvo la capacidad para convertirla en materia
literaria) el habla cubana, la jerga del hombre del campo, y del hombre de la
noche habanera, como quizá sólo Cabrera Infante haya podido lograr años
después. Presumo que a nadie se le ocurrirá dudar, a estas alturas, de que
aquel narrador nacido en Granas de Sor es uno de los escritores cubanos más
grandes del siglo.
Me percaté, en segundo lugar, de que no me hallaba ante
cualquier libro de aventuras. Estoy hablando del más
cruel de los libros de aventuras que yo haya leído jamás.
Quiero suponer que el sustantivo
"cruel" posee aquí una significación especial.
Sospecho que, entre otras cosas, la crueldad contribuye a rescatar esta novela del limbo o de la trivialidad en que duermen algunas novelas
de aventuras. Como el lector comprenderá, no se trata de la crueldad evidente
del robo o la piratería, el asesinato o la impiedad consustancial al mundo
marinero del siglo XVIII o XIX. Deduzco
que se trata de algo más profundo.
Mucho, se sabe, investigó Novás Calvo antes de sentarse a
escribir la historia de aquel malagueño atroz, Pedro Blanco Fernández de Trava
(el mongo de Gallinas), así como la de los no menos bestiales Francisco Féliz
de Souza (más conocido por Cha-Cha) o los Zuluetas, personajes de la llamada
realidad y que "la historia universal de la infamia" hubiera debido
recoger en sus páginas. Pero El negrero no es una biografía al uso. Esta historia tensa, estricta y excesiva, escueta y
barroca, en la que nada parece que sobre o falte, logra humanizar el mundo del comercio humano. Cuando digo "humanizar"
intento decir: exhibir ese mundo en todo su espanto, mostrarlo en su crudeza,
sin atenuantes; tornarlo, además, comprensible; hacer evidente su lado frágil,
o, lo que es lo mismo, su psicología; desmitificándolo y mitificándolo del modo
en que sólo la literatura es capaz.
Asesinatos, robos, traiciones, magia,
naufragios, abordajes, agresiones, calma chica y huracanes, cualquier oprobio
encontrará el lector en las páginas que lo aguardan.
También encontrará una monstruosa historia de amor, una ternura brutal, una
pasión herética entre Pedro Blanco, lleno de misterio y de silencio, atractivo,
peligroso y brillante como una hoja de acero, y su hermana Rosa, abnegada y
llena de ímpetu.
Esta historia, enigmático lector, no te
dará tregua hasta el conmovedor final, el siniestro y hermosísimo final (que
casi estoy tentado a llamar cinematográfico, si no fuera porque es el buen cine
quien debiera llamarse literario).
En El negrero sucede todo eso y más, porque resulta
un agudo análisis sobre una época (finales del siglo
XVIII y principios del XIX) que arroja, como debiera hacer toda novela
histórica, luminosidad portentosa sobre el presente contradictorio y aterrador
en que vivimos. Porque tiene que ver con una de las aventuras más despreciables
realizadas por el hombre (la trata de esclavos, el comercio de unos hombres por
otros), en un momento bastante pavoroso de nuestro siglo (1933) en que el
racismo, con la ascensión de las hordas fascistas al poder, volvía a
protagonizar otra aventura vergonzosa. Como por desgracia el racismo continúa
protagonizando aventuras vergonzosas (hemos tenido la oportunidad de
comprobarlo en la historia más reciente), Novás Calvo muestra el horror, la
ferocidad de un mundo que continúa siendo el nuestro.
En esas tardes de ocio en que la realidad o su sinónimo,
el hastío, tanto abruman, entre los libros que me agradaría tener a manos (allí
entre La cartuja de Parma, El Gatopardo, Las ilusiones perdidas, Guerra y
Paz o Tristram Shandy), me gustaría encontrar un
cómodo y hermoso ejemplar de El negrero. En esas tardes, digo, en que
uno deambula como un fantasma por calles que no
existen, ansioso de experiencias intensas que lo colmen de perplejidad, cólera
o ternura, o lo que significa lo mismo, que lo devuelvan a la vida. Tardes en
las que, sin paternalismos ni falsas piedades, se
quisiera indagar (aunque sea una inquisición inútil) sobre la condición del
hombre y su paso por el mundo. Porque El negrero, como
todo gran libro, no sólo divierte sino que permite incluso aproximarse a lo que
con tanta nostalgia llamamos "la sabiduría".
Envidio al cauto e inescrutable lector
que por primera vez se dispone a disfrutar las páginas que siguen.
Alberto Garrandés (cubarte)
Repasando los
cuentos de Novás Calvo, he visto otra vez esa terca (por
cerrada y bien machihembrada) trabazón de los personajes habituales en su prosa
con las alegorías y los símbolos también habituales en ella. De un lado, respectivamente, están la prostituta, el chino, el
botero (chofer de alquiler por cuenta propia, diríamos hoy), el negro, el
carbonero, el campesino, el hombre marginal de la ciudad, el niño circunstante,
el exiliado. Del otro lado se encuentran el machete (un machete falocéntrico y
levantisco), la manigua (que nada tiene de "sentimental", como diría
el ilustre Jesús Castellanos, porque es manigua hostigadoramente arquetípica),
la luna (interlocutora mágica, ojo del presagio), el ron (violento, peleón), el
automóvil, la fogata (con empaque apocalíptico y como manifestación de lo
postrero), el tambor (presagioso también, y con una voz metamorfoseada en
solicitud), el viento, la ciudad, el mar, el recuerdo, el solar. El solar, o el
espacio para el hacinamiento (de hombres, instintos, anhelos y sueños), es un contexto para la puesta en escena. Es
la célebre 'cámara de ecos' barthesiana que pasa por el lenguaje. El solar es una pieza de la identidad cubana hasta nuestros días.
Ya que arriesgo esa traída y llevada noción: identidad
(pero identidad a secas, pues decir identidad cultural es casi como cometer una tautología), he de referirme a un hecho
definidor de la prosa de Novás y de sus cuentos en particular. El estilo que
forjó, cautelosa y rápidamente, es un correlato mediato del proceso identitario
cubano, y se constituye, además, en un reflejo (en el nivel del idioma, una
variante embrionaria del español en que se iban a escribir obras maestras de la
literatura de ficción en Iberoamérica) de los intercambios, las mezclas, las
intersecciones y los cruzamientos ocurridos para llegar a lo que hoy conocemos
como cultura hispanoamericana, o más justa y exactamente cultura de nuestra
lengua. En este sentido el saldo que arrojan los cuentos de Novás Calvo, más la
emanación desprendida de su novela, conforman una experiencia única -me atrevería
a decir que sin precedentes en nuestro siglo- del empleo radical del lenguaje,
un lenguaje fronterizo y central al mismo tiempo, un lenguaje de las periferias
culturales y que, al par, se nutre (sin desgarrarse) de los llamados centros
de la cultura. La vivencia española, gallega por más señas, es una capa sobre
la que se extiende la percepción, extasiada y plural en Novás, del fenómeno del
negro, observado desde la historia (una historia que es factografía de lo
maravilloso, compendio de lo exótico, recuento de lo mágico y enumeración de lo
sobrenatural) y desde un presente signado por la cubanidad integrativa,
anómala, inestable. El resultado de este aprendizaje, sobre todo en lo referido
a su cuentística, se aprecia en una soterrada y a veces pública
multilexicalidad que obliga a Novás a acomodar las palabras en una sintaxis
como de sierpe inquieta, cuya eufonía está llena de contrastes.
A propósito de estos mismos asuntos, resulta
imprescindible que me detenga ahora, ya no en esa necesidad que manifestó Novás
de presentar situaciones del límite, extremas, en su exploración del sujeto
común, ese que lleva dentro absolutos y arquetipos y que es protagonista de
combates disímiles: contra los propios hombres, contra el miedo, el paisaje
antropomórfico, la idea de la muerte, la incertidumbre, el olvido. Estas
cuestiones, indudablemente de primer orden, encuentran sin embargo su rostro,
se singularizan y especifican (porque son cuestiones muy generales y forman
parte del grueso de las inquietudes de la cuentística cubana del siglo) en una
forma de narrar, una poética que se podría materializar mediante un texto
prototípico y por demás invisible, aunque no por ello inexistente. Ese texto conjetural no podemos leerlo porque no se escribe, ningún
escritor lo fabrica. Son la historia de la
sensibilidad, los sedimentos de las lecturas y la voluntad mítica de la
interpretación literaria los agentes de su concreción. El texto al que
me refiero está comprendido, sin embargo, en mis intuiciones (véase, al
respecto, el primer apéndice de mi libro La poética del límite), y como
he aludido ya a algunos de sus ingredientes, que son, desde luego, tópicos
invariantes, me concentraré en uno de ellos que merece comentarse: ese barroco
interior que, paradójicamente, nace en una prosa a la larga desnuda, magra,
desalada.
El barroco es, en los cuentos de Novás Calvo, el
resultado de esa mirada estupefacta y curiosa con que emprende el registro de un acontecer capaz de seducir al pensamiento. Allí, en los
hechos posibles, e incluso en ese ambiguo grado de
probabilidad que brota entre lo real y lo mágico, existe una sobredosis de
palabras, un esparcimiento a presión de los sentidos que el suceder admite. El
barroco es aquí un efecto ocasionado en el lector por
un estilo lingüístico cuya formulación se basa en la alternancia de frases
breves y largas, así como en un uso casi sinusoidal de la adjetivación. Por
otra parte, hay que advertir que ese efecto barroco
tiene también su origen en una violenta estratificación del
relato, proceso este que determina el surgimiento (por sugerencia, insinuación
alusiva y analogía) de muchísimos detalles referidos a los contextos de la
identidad. A esto agregamos los dones de un realismo
en cuya enorme penetración psicológica se sustenta una imagen (de la realidad)
próxima a lo fantasmagórico (utilizado el término con una muy relativa
ponderación).
He regresado, como dije antes, a los cuentos de Novás
Calvo, repasándolos de manera retrospectiva: de Maneras de contar, el
heterogéneo y desigual volumen que dio a conocer después de su radicación en
Norteamérica y que contiene textos de épocas distintas (textos donde se aprecia
la depuración formal y estructuras heredadas de su quehacer como creador de
historias de crímenes, junto a textos marcados por el sello de lo legendario:
sus textos-insignias), hasta los iniciales: "La luna nona",
"Hombre malo", y, más tarde, "No le sé desil", la
impresionante noveleta En los traspatios y algunas otras narraciones.
Después de estas relecturas ha vuelto a asaltarme una sospecha a veces
disfrazada de certidumbre: en su afán de objetividad, de deseo implacable tanto
de lo material como de lo inmaterial, Novás transcendió la determinabilidad de
los hechos (los externos y los de la conciencia) para situarse en un territorio
donde la amplificación de lo real deviene indeterminación por exceso, subjetividad
objetiva.
La idea anterior me retrotrae a las palabras
pronunciadas por el narrador de Pedro Blanco... cuando el mítico negrero
quiso saber con exactitud, con precisión, quién era Napoleón y cuáles habían
sido sus hechos. En ese instante el narrador dice del
personaje: Lo que él buscaba era la narración objetiva de los hechos... y
esto no podía encontrarlo. Narrar y objetivamente no lo sabía
hacer nadie entonces. Todos se sentían sujetos y
líricos. Se trata de una perturbadora declaración en la que hay una
poética y una estética presumibles. La gozosa perplejidad que siempre me han
causado esas palabras escritas en Madrid en 1932, me devuelve al juicio que
enuncié al expresar esa sospecha disfrazada de certidumbre: él, Novás,
persiguió la objetividad en la narración, pero siempre fue un hombre amarrado
por el asombro ante el mundo, un hombre de íntimo y exultante (y perentorio)
lirismo. Maestro del relato breve, especie de demiurgo reconstructivo de un
cosmos hecho con fragmentos, Lino Novás Calvo es el Adelantado, el primer
escritor hispanoamericano que, con desconcertante excelencia, trazó la ruta de
los encuentros para decirnos que nuestra cultura es un hacerse continuo, que
somos hombres necesariamente universales y que la literatura de un orbe nuevo
ha de hacerse desde el magma de la historia y sus riquezas.
La novela cubana de
Ernest Hemingway![]()
![]()
Hace medio siglo, se
publicó en la revista 'Bohemia' la traducción al español de 'El viejo y el
mar', realizada por el escritor cubano Lino Novás Calvo.
por CARLOS ESPINOSA DOMíNGUEZ, Miami
El 2003 está a punto de decirnos adiós.
Unas semanitas más y estaremos repitiendo el rito que cada año debemos cumplir
estrictamente por esas fechas: la Nochebuena, el Año Nuevo y, en ciertos
sitios, el Día de Reyes. Pero antes de que lleguen por enésima vez esas
monótonas tradiciones, quiero dedicar el espacio de esta semana a una efeméride
que se cumple este año y que, pienso, no merece que
pase inadvertida.
Portada
de la edición original.
Hace medio siglo que la revista Bohemia, entonces
la más popular y de mayor circulación en la Isla, incluyó de modo excepcional
en el número del 22 de marzo de 1953, la primera traducción al español de una
novela escrita originalmente en inglés. Las razones que llevaron a los editores
a hacerlo eran justificadas: se trataba de The Old Man and the Sea, la
"novela cubana" de Ernest Hemingway (1899-1961), uno de los
escritores norteamericanos más famosos del pasado
siglo.
En un artículo publicado en Carteles
en 1952, Salvador Bueno comentaba que a nivel de retribución económica fue una
obra que marcó un récord. Antes de que se editase como
libro, Life adquirió los derechos y la publicó en septiembre, en una
tirada de 5.325.477 ejemplares. Por ello pagó al autor 30.000 dólares, y si se
toma en cuenta que la novela contiene unas 27.000 palabras, se concluye —como señala Bueno— que Hemingway cobró algo más de un
dólar por palabra.
La edición de Life, que se agotó a las cuarenta y
ocho horas, no afectó, sin embargo, la venta de la de tapas duras, que en 1953
se mantuvo durante seis meses en la lista de los títulos más vendidos.
Asimismo, ese año la novela recibió en Estados Unidos
el Premio Pulitzer.
En ese texto, que por su corta extensión se halla entre la
novela breve y el cuento largo, Hemingway abandonó los ambientes exóticos y las
aventuras extraordinarias que tanto le gustaban, y escribió una historia
sencilla, narrada en una forma muy simple y con una técnica clásica. El
escenario es un pueblo marino de Cuba, situado no
lejos de La Habana. Su protagonista es un viejo
pescador que se mantiene con lo que gana en su oficio. Al comenzar el relato,
hace cuarenta días que vuelve del mar con las redes
vacías, por lo que los padres del muchacho que ha enseñado a pescar obligan a
éste a dejarlo. Él, no obstante, aún alimenta el sueño de cobrar una gran
pieza.
Y en efecto, un día consigue capturar un
pez espada de enorme tamaño, más grande incluso que su barca. Con las manos
desolladas por el roce del sedal y agotado por el
esfuerzo, emprende el regreso. Pero pronto la sangre del pez atrae a los
tiburones, y de nuevo empieza para el viejo la lucha. Al final, de su presa
sólo queda el enorme espinazo, con la cabeza y la
cola. Al día siguiente de haber retornado al pueblo,
el protagonista se encuentra al muchacho dispuesto a salir otra vez con él.
Lejos de mostrarse desalentado, el pescador, a su vez, está con la misma
energía e ilusión, consciente de que fue derrotado, pero también de que supo
vencer.
Gracias al talento de Hemingway, una anécdota de la vida
vulgar y cotidiana se convierte en símbolo del destino de la humanidad que, al
igual que el viejo pescador, se empeña en acometer empresas desmesuradas. El
viejo y el mar fue muy bien recibido por los críticos, y uno de ellos
comentó: "Pocas veces un relato de tan escueta simplicidad, cuya grandeza
épica se logra con tan escasos elementos trágicos y efectistas, ha conseguido
adquirir un simbolismo tan profundo como ese texto de Hemingway".
La traducción al español de la novela de Hemingway fue
encargada a uno de nuestros grandes narradores, Lino Novás Calvo. Éste conocía
la obra del escritor norteamericano desde hacía años.
En 1932 había publicado en la Revista de Occidente un
ensayo en donde la analizaba, junto con la de Faulkner. Por
los años cuarenta lo conoció personalmente en una recepción en La Habana.
En un artículo que escribió en 1961, al morir
Hemingway, Novás Calvo recordó aquel encuentro:
"Lo que le llamaba la atención era que ni mi tono ni mi figura conjugaban con lo que sabía de mí:
que —como él— había sido corresponsal de guerra, que —como
él— había escrito cuentos de lucha y muerte, que —como él—
había estado en el lugar de los hechos. Esto no rimaba con la
persona que tenía delante. No podía haber
mayores contrastes: él era grande y fuerte; yo, pequeño y endeble; su voz era
recia y dura; la mía, débil y blanda; él era brusco y altanero; yo, cauteloso y
humilde. Otra paradoja: Hemingway se parecía a su obra; yo no me parecía a la
mía".
Aquel fue el inicio de una amistad que no llegó a ser muy
estrecha, pero que nunca se interrumpió. Cuando Life quiso publicar
también El viejo y el mar en su edición en español, su autor puso como condición que Novás Calvo fuera el traductor. Éste
recuerda que el chofer de Hemingway lo estuvo buscando toda una noche por La
Habana, porque había que empezar el trabajo de inmediato y necesitaba saber si
su precio era asequible.
El autor de Cayo Canas cuenta que se quiso resarcir
entonces del poco dinero que había cobrado por las traducciones de Faulkner, D.
H. Lawrence, Aldous Huxley y Balzac, que hizo en España en los años treinta, y
puso como honorario un Ford de uso. Hemingway, contó Novás Calvo, rió a
carcajadas.
"El dinero (del que tenía
montones) era para él una abstracción.
Pero un fotingo de uso era algo concreto y hasta
poético. Dijo que era mucho; que él mismo, debido a los altos
impuestos, cobraría poco más por el libro, pero que estaba de mi parte y que
juntos daríamos la pelea para arrancarle a Life (que tenía montones
mucho mayores de dinero) el viejo fotingo. Y así fue.
Y salió El viejo y el mar como él quiso, en
español (porque él mismo participó en la traducción, junto con un capitán vasco
de cabotaje que entonces lo visitaba en su finca La Vigía, en el Cotorro). Para
mí fue un Chevrolet por El viejo y el mar".
Sin embargo, la versión de Novás Calvo apareció primero en
Bohemia y luego en Life, donde no se mencionó su nombre. Esto
trajo como consecuencia que al ver la luz la primera edición
en libro se volvió a repetir ese error, algo que Hemingway ordenó se
subsanara. A partir de las siguientes, figuró siempre como
la "Traducción autorizada por el autor".
Desde entonces y dada la popularidad de la novela, se ha
reeditado decenas de veces (la última que conozco es de hace apenas un año). La labor que realizó Novás Calvo fue muy
profesional y pone de manifiesto que se la tomó con mucho interés y seriedad
(en 1950 publicó un ensayito en el que trata ese tema:
"Nota sobre la Traducción"). Hay un detalle
de esa versión que se hizo famoso. La frase con la cual finaliza la novela:
"The old man was dreaming about the lions", Novás Calvo la tradujo como: "El viejo soñaba con los leones marinos". Lo
cual, si se analiza bien, resulta mucho más lógico.
Los leones africanos estaban más
en los sueños del propio escritor, que en los del viejo pescador cubano. En Tres
tristes tigres, donde hay numerosas alusiones humorísticas a El viejo y
el mar y a Novás Calvo, Cabrera Infante incluye un diálogo en donde dos
personajes discuten sobre si se trata de leones o de leones marinos. No hay que
olvidar que más de una vez su autor se ha referido a
"ese fatal crimen de lesa literatura que es la traducción".
Hasta aquí, todo lo correspondiente a la parte más amable
de El viejo y el mar. Pasaré ahora a la otra parte, la que deberá
incluirse, cuando alguien la escriba, en la "Historia Nacional de la
Infamia". En 1962, la Editorial del Consejo
Nacional de Cultura editó en Cuba la novela, como homenaje a Hemingway en el
primer aniversario de su muerte. Quien se tome el trabajo de cotejarla, verá
que se trata, palabra por palabra y línea por línea, de la misma versión que
apareció en Bohemia. Se dice incluso que es la "Traducción
autorizada por el autor". Pero el nombre de Novás Calvo
quedó eliminado. Fue, sin embargo, sólo el inicio de
una cadena de omisiones y escamoteos.
Primera
página de la edición de 'Bohemia'.
En 1981, Mary Cruz publicó su ensayo Cuba y Hemingway
en el gran río azul, que se anunciaba como
"una muy valiosa contribución al conocimiento no sólo de la presencia de Cuba
en la obra del gran novelista norteamericano, sino también una penetrante
interpretación de esa obra". El libro, en efecto, constituye un estudio inteligente, documentado y bien hecho. Pero la obstinada omisión de Novás Calvo que hace la autora empaña
su rigor científico.
Hay un capítulo de cuarenta y seis
páginas, titulado ¿No lo ves?, donde precisamente su
nombre "no se ve" por lado alguno. Tampoco figura ninguno de sus dos
artículos sobre el creador de Tener o no tener en las veintitrés páginas
de la bibliografía, donde está, por ejemplo, la edición de Planeta de las Obras
Selectas de Hemingway (1969), en donde está incluida la traducción de
marras de El viejo y el mar. Similar resultado obtendrá quien revise
otros títulos sobre Hemingway aparecidos en la Isla a lo
largo de todos estos años.
Una excepción la constituye Hemingway
en Cuba (1984), de Norberto Fuentes.
Allí, en las páginas 433 y 434, su autor se refiere a la traducción de Bohemia.
Parte del espacio está dedicado a comentarnos
"las inclinaciones sexuales" de Miguel Ángel Quevedo, el director de
esa revista, que de acuerdo con Fuentes, "eran notorias. Se enorgullecía de que en una finca de su propiedad, donde se
celebraban semanalmente fiestas que reunían a los más importantes empresarios y
políticos del país, nunca había entrado una mujer". Vaya por Dios. Reproduzco, en fin, las líneas finales:
"La historia termina (...), años después, en la
década del 60, con Lino Novás Calvo convertido en uno de los escritores cubanos
contrarrevolucionarios residentes en Miami y jefe de redacción de Bohemia
Libre, y la finca de Quevedo, en la que se prohibía la entrada a mujeres,
transformada en el primer campamento de jóvenes revolucionarias que pasaban su
instrucción como milicianas: el Batallón 'Lidia Doce'".
Voy a decir como Rita Montaner:
mejor que me calle, que no diga nada. Quiero, sí, precisar un
error. Ya sé que un "escritor contrarrevolucionario"
como Novás Calvo no merecía el esfuerzo de confirmar la información, pero la
verdad más verdadera es que nunca residió en Miami. Llegó a esta ciudad en
septiembre de 1960, y en diciembre ya se había mudado para Nueva York, donde
vivió hasta su muerte en 1983. Y en cuanto a la poca simpatía por los
homosexuales que destilan los comentarios sobre Quevedo, parece ser un problema crónico en Norberto Fuentes.
El año pasado, en las palabras que redactó para la
exposición Ojo X Ojo, de Aldo Menéndez, expresó:
"Acabemos de llamar las cosas por
su nombre. Entre un Aldo Menéndez ataviado como
un Beatle —en un país donde las melenas no eran una moda en los 60 sino
una ofensa política—, y buscando una tendencia donde moverse, y buscando
después una pared donde colgar cualquiera de sus cuadros, y un René
Portocarrero, la vieja morsa a la que se le permitía respirar mientras se le
abastecía de pinceles, pigmentos y raciones adicionales de chocolatinas y
cigarrillos rubios Visant, y podía hasta vivir en relación de matrimonio con su
pareja, el aburrido y lánguido Raúl Milián, la Revolución Cubana siempre
prefirió a Portocarrero".
Como dicen los gringos, no comment, mis queridos
amiguitos y amiguitas.
READ REVIEWS OF PEDRO BLANCO EL NEGRERO
http://www.nodo50.org/utlai/nov2003.htm
![]()
Entre La Provincia y el Mundo:
Modernidad e Innovacion
en la Narrativa de Lino Novas Calvo
Doctoral
Dissertation by Carlos Espinosa
![]()
EL NEGRERO : Book Review in Library Journal
There
is some evidence that the first crime stories were written by
Lino Novas Calvo in the 1940s,
given the existence of a 1995 publication edited by Jose Fernandez Pequeno
entitled Narraciones policiales/Lino Novas Calvo (Police Narratives
of Lino Novas Calvo, Santiago de Cuba, Editorial Oriente).
En Galicia, La Fundación Ortegalia recuerda a Lino Novás Calvo con
una muestra y un cortometraje dedicados al escritor:
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Una exposición organizada por la Fundación Ortegalia en torno a la
figura del escritor de Mañón Lino Novás Calvo, considerado por la crítica como uno de los grandes renovadores de la literatura
hispanoamericana. La muestra hace un recorrido por la
vida de Novás a través de paneles, un audiovisual y cedés interactivos.
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Lino Novas Calvo es, quizás, el más grande cuentista
cubano, aunque nacido en Galicia.
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MEMORIA DE LA MITOMANIA: CENTENARIO DE ALEJO CARPENTIER
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Modalidades Ironicas en el cuento No Le Se Desil por Lino
Novas Calvo
http://www.cubaliteraria.com/autor/lino_novas_calvo/obra6.html
Aproximaciones al tema de la esclavitud en Pedro Blanco, el Negrero, de Lino Novas Calvo
LINO NOVAS
CALVO EN LOS TRASPATIOS
Galeria de imagines Lino Novás Calvo
The Cow on the Rooftop by Lino Novas Calvo, in which a mother
kills a son over food.
|
Rafael Rojas, El Nuevo
Herald |
“La verdadera apertura cultural cubana, como sabemos,
sólo podrá producirse luego de una transición a la democracia. Cuando ese
momento llegue, la reivindicación de autores de la república y el exilio no
implicará el escamoteo de la ideología política a cambio del reconocimiento
literario y, junto con Poemas invisibles, Pedro Blanco, el negrero y El Monte,
se reeditarán los lúcidos ensayos anticomunistas de Gastón Baquero en el Diario
de la Marina, de Lino Novás Calvo en Bohemia Libre y de Lydia Cabrera en Mariel.”
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“Es lo que ha pasado con Lydia Cabrera, Lino Novás Calvo y
Gastón Baquero. Todos sus libros han estado prohibidos en Cuba y ahora que están muertos sus
autores, los reclaman como del dominio público.” ENTREVISTA A GUILLERMO CABRERA INFANTE
Parte 1/2
Polemiza, que algo queda (III)
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En 1945, Lino Novás Calvo y Cintio
Vitier protagonizaron una poco conocida y respetuosa polémica sobre los
vínculos de la poesía con su circunstancia histórica.
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por CARLOS ESPINOSA
DOMíNGUEZ, Farmville
Voy a empezar señalándolo: lo que suele abundar
en las polémicas literarias entre cubanos no es la confrontación ecuánime
de opiniones, el diálogo razonado, el debate que sabe guardar las
formas. Muchas veces, la falta de argumentos para responder al oponente provoca
que se acuda a las injurias y las alusiones personales. En tal
sentido, todo es permitido, todo vale. Hay, por fortuna,
polémicas que nada tienen que ver con esto. Entre ellas,
quiero referirme en esta oportunidad a una escasamente conocida. La que
sostuvieron el narrador Lino Novás Calvo (1903-1983) y el crítico y poeta
Cintio Vitier (1921), desde las páginas del diario Información.
Localizarla resultó una tarea especialmente ardua, debido a que fuera de Cuba
no existen colecciones ni microfilmes de ese
periódico. Pude por fin conseguir una copia de los textos gracias a la generosa
colaboración de la investigadora Cira Ramiro, a quien debemos agradecer la
valiosa labor de rescate de la obra del autor de La luna nona que desde
hace años viene realizando.
En 1945, Cintio Vitier publicó su cuarto poemario, Extrañeza de
estar, que al igual que los anteriores lleva el sello de la imprenta Úcar,
García. Por esos años, Novás Calvo colaboraba
regularmente en Información, una de las tantas actividades que se vio
obligado a hacer para sobrevivir. En marzo de ese
año, escribió un trabajo que toma como punto de partida el libro de Vitier, que
apareció con el título El estar en nosotros. Más que una valoración del poemario, lo que hace Novás Calvo es reflexionar sobre
algunas cuestiones que su lectura le suscitó. Así, señala que "cuando se
haga el examen crítico de la poesía cubana más reciente se descubrirá
enseguida, en un sector significativo, algo así como
un repliegue angustiado del hombre a la oscura intimidad de sí mismo. Esta manifestación tiene, sin duda, mayor alcance del que, desde
otros planos, hemos sabido descubrir hasta ahora". Y añade:
"Quisiera yo que pudiéramos, los no poetas, interpretar ese
movimiento con ‡nimo sereno y afán de comprensión. No me interesa aquí su
mensaje de belleza, sino su señal histórica".
Pasa
entonces a ejemplificar su punto de vista con Extrañeza
de estar, y expresa: "No quiero —no podría— juzgar
críticamente, por ejemplo, el œltimo libro de Cintio Vitier, atendiendo al
caudal puro de su poesía. Me inquieta, en cambio, poderosamente, su posición de
alma, su manifestación filosófica, porque sé que no es
rasgo suelto e inconexo, sino que forma parte de toda una migración de juventud
hacia una estadía espiritual donde aspira a encontrar amparo para su ser más
profundo. Es como una emigración espantada hacia la intimidad
tenebrosa de sí mismos, por los caminos sumergidos de la comunicación mística,
que llegan hasta los Místicos".
Se pregunta por las causas de lo que llama regreso herido
("herido de política, herido de relumbre, herido y horrorizado del
encuentro con realismos invencibles de nuestra historia"), y comenta que
no puede ser "un capricho ni una fuga pusilánime". Vuelve luego al
poemario de Vitier, y expresa: "No comparto en modo alguno ese estar; me desasosiega su extrañeza. Aunque
visto con avidez de personalidad, de nacionalidad coherente, de destino, no
puedo menos de sentir que su expresión de renuncia al contorno y de afirmación
sumergida tiene su condicionamiento en actividades temerosas y que nos envuelven".
Novás Calvo anota que no resulta difícil comprender por qué
"un importante volumen del talento y la sensibilidad nacientes desciende a
la clandestinidad". Admite que su propósito no es distinto del
de quienes se afanan por "crear un destino, forjar un estado, vigorizar
una nación, preservar y aumentar un carácter". El problema radica en los
caminos tan distintos que unos y otros siguen. Y al final escribe: "Por
eso me inquieta y perturba —porque comprendo que es una repulsa a muchos
postulados que rigen nuestras formas culturales del
momento. Supone, entre otras cosas, una dolorosa y dolorida
resta a las corrientes que nos están llevando, sin que, por otro lado, supongan
la creación de corrientes autónomas hacia adelante, al ritmo de la
historia".
El 1 de
abril, Novás Calvo publicó en el mismo periódico el artículo Carta abierta,
donde reproduce fragmentos ("su parte más esencial") de una carta que
le dirigió el autor de Extrañeza de estar, y que él califica de
"ejemplar por su limpio y elevado tono". La respuesta de Vitier
comienza: "Su tesis de que la presente generación de poetas cubanos se
define por la fuga y espanto ante la circunstancia político-social, ante eso
que usted llama con un término de exacta precisión los
realismos, me parece falsa y apresurada. Y no porque yo piense que
semejante circunstancia carezca de sentido ni deje de
merecer el más hondo desvelo de nuestra conciencia. Lo que yo pienso es que la
poesía no representa nunca una reacción ante el medio social, sino ante una
realidad de alma que lo abarca y lo ilumina, y que cuando los poetas en el seno
de una sociedad lucen exclusivamente apartados, excéntricos o extravagantes, es
la sociedad la que vive fuera de sí, fuera de su historia y de su tradición más
profunda, en un tiempo de enajenación que sólo la poesía, por su voluntad de
apego entrañable al substrato del alma común, puede salvar e incluso
expresar".
No niega
Vitier que la irrealidad circundante pueda influir en los jóvenes poetas. Pero
sostiene que cuando alguno logra "ensimismarse y recogerse conmovido ante
la eterna realidad poética del mundo y de su mundo, de su isla, ese
ensimismamiento no está huyendo ni está negando su espíritu a la tarea del amor
militante. Antes bien en la medida que le sea dable,
cumple con su misión, su vocación, su militancia, y la entrega de su ser más
útil a la obra de todos". Recuerda que si la tarea metafísica del poeta consiste en dar una visión y un testimonio de la
Realidad, "su tarea histórica no puede consistir en crear o enriquecer una
intimidad, una tradición o un estilo". Por tanto, debe reprochársele que
se disperse o artificialice, pero no que "se ensimisme, se recoja, que se
reserve para la consumación de una forma que quizá ha de trascenderlo y
sembrarlo en la tierra común".
Vitier reconoce que el artículo de Novás Calvo es "noble y
fervoroso como suyo". Pero considera que sus juicios están lastrados
por "esa obsesión que han dado en llamar función
social del arte. Y desde luego que tal función existe, sin dudas con mayor
magia y fecundidad de la que sospechamos, pero también es obvio que mientras
más lleno de sociología o de política se nos aparezca el arte, menos función
social podrá ejercer". Apunta que esa confusión se
deriva quizá "del hecho de que muchos artistas, incluso artistas geniales,
se fijan, para la encarnación fáctica de su obra, en asuntos o realidades
históricos". Y concluye: "Ni religión (en el sentido político
de la palabra) ni política (en el sentido exterior) tiene que hacer el
poeta; y ya se ocupe de las más huidizas metáforas como de los más familiares
paisajes, su puesto normal no está nunca en la pintoresca torre de marfil ni en
la turbia resaca exterior de la historia, sino simplemente a la intemperie de
su alma, de su intimidad. Allí sirve como puede y ayuda
cuanto puede".
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Lino Novas Calvo’s translation into Spanish of
Hemingway’s
The Old Man and the Sea, published by Random House in 2005
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Lino Novás Calvo, o home que chegou a Cuba de ningún país
Intelectuales,
políticos y artistas condenan
los juicios por delito de
conciencia en Cuba
Presencia cubana en Estados Unidos
(Lino Novas Calvo and Himilce Novas
mentioned)
http://webs.ono.com/usr013/latinosUSA/introduction1.htm#presencia
http://www.cubanet.org/CNews/y07/may07/07o3.htm
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